Este artículo se ha traducido automáticamente del polaco.

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La vitamina D en psiquiatría — por qué conviene medir tu nivel

Asociamos la vitamina D con los huesos, pero sus receptores están en casi todos los tejidos, también en el cerebro. Cada vez más estudios relacionan su déficit con la depresión, la ansiedad y el TDAH, y comprobar el nivel es un solo análisis de sangre.

Una vitamina que se comporta como una hormona

La vitamina D se descubrió como la cura del raquitismo. El aceite de hígado de bacalao funcionaba y, como es rico en vitamina A, se supuso que ese era el principio activo; solo los experimentos que retiraron la vitamina A mostraron que actuaba otro nutriente. Durante décadas se consideró una vitamina necesaria para absorber calcio y poco más.

A finales del siglo pasado se encontraron receptores de vitamina D en la mayoría de los tejidos, incluido el cerebro. Ese receptor influye en la expresión de los genes y en la función inmunitaria, y la propia vitamina D regula los niveles de neurotransmisores, entre ellos la serotonina. Por eso hoy se describe mejor como una prohormona esteroidea que como una vitamina.

¿Cómo actúa sobre el cerebro?

  • Serotonina: participa en la regulación de la síntesis de serotonina, un neurotransmisor clave para el estado de ánimo.
  • Inflamación: reduce la neuroinflamación que acompaña a muchos trastornos mentales.
  • Plasticidad: favorece la capacidad del cerebro para formar y rehacer conexiones.

En la latitud de Polonia la piel apenas produce vitamina D entre octubre y marzo. El déficit es frecuente con independencia de la salud mental.

¿En qué trastornos se ha estudiado?

Depresión

Aquí la evidencia es más sólida. El punto de partida fue el trastorno afectivo estacional: la vitamina D baja en invierno, así que se sospechó que el déficit podía ser una de sus causas. Los primeros ensayos sobre el estado de ánimo en invierno fueron prometedores, aunque no todos resultaron positivos. Después se observó beneficio en un ensayo mayor en personas con sobrepeso y depresión, y en otro que añadió vitamina D al tratamiento antidepresivo habitual. Los metaanálisis recientes confirman que un nivel bajo se asocia con la depresión y que la suplementación mejora los síntomas depresivos.

Conviene conocer los límites de estos estudios. Muchos no midieron el nivel de partida o dieron la misma dosis a todos, con independencia del déficit. Algunos usaron dosis demasiado bajas para esperar un efecto. Es una de las razones de que los resultados sean dispares.

Riesgo de suicidio

Un nivel bajo de vitamina D se asocia con mayor riesgo de suicidio. Un estudio de 2013 en militares en activo halló que los niveles más bajos correspondían al mayor riesgo. Las personas con depresión que habían intentado suicidarse tenían menos vitamina D y más marcadores de inflamación que aquellas con depresión que no lo habían intentado. Un metaanálisis de 2023 confirmó la asociación con las conductas suicidas.

En un estudio con más de 300 000 veteranos, la suplementación con vitamina D se asoció con aproximadamente la mitad del riesgo de suicidio, y en personas de piel oscura o con déficit el riesgo fue alrededor de un 64% menor. Fue un estudio retrospectivo, basado en datos recogidos con anterioridad, de modo que muestra una asociación y no demuestra que la vitamina D explique por sí sola esa diferencia.

TDAH

La vitamina D parece necesaria para el desarrollo normal del cerebro en la infancia. Un metaanálisis de 2019 halló niveles significativamente más bajos en niños con TDAH. Otro metaanálisis del mismo año concluyó que, como tratamiento añadido, la vitamina D reducía los síntomas del TDAH sin efectos adversos graves. Corregir el déficit durante el embarazo se asocia con menor riesgo de TDAH y de autismo en el niño.

Ansiedad

En un ensayo pequeño en personas con trastorno de ansiedad generalizada y déficit de vitamina D, añadirla al tratamiento habitual redujo la ansiedad casi un tercio, mientras que el grupo con tratamiento habitual solo no cambió de forma significativa. En mujeres con prediabetes y vitamina D baja, la ansiedad bajó un 19% con vitamina D sola y un 30% al añadir aceite de pescado. En adolescentes con síndrome premenstrual y déficit grave, las puntuaciones de ansiedad cayeron un 61%, frente a ningún cambio apreciable con placebo.

No todos los ensayos fueron positivos. Uno en personas de 60 a 80 años no halló beneficio para los síntomas de ansiedad, ni tampoco otro anterior que seleccionó a los participantes solo por tener la vitamina D baja. En ese, los síntomas eran leves de entrada, así que quedaba poco margen de mejora.

Otros diagnósticos

También se han descrito niveles más bajos en el trastorno obsesivo-compulsivo y en el trastorno de estrés postraumático. Son observaciones del nivel, no ensayos de tratamiento, así que por ahora hablan de coincidencia y no de un beneficio de la suplementación.

Análisis y suplementación

La vitamina D se mide con un solo análisis de sangre (25(OH)D). Algunos psiquiatras sostienen que conviene hacerlo en toda persona en tratamiento psiquiátrico. Las guías endocrinológicas de 2024 son más prudentes y desaconsejan el análisis rutinario en la mayoría de los adultos. Las opiniones están divididas, así que la decisión sobre el análisis se toma mejor en consulta.

  1. El análisis: una sola determinación de 25(OH)D en sangre, sin preparación especial.
  2. La dosis: se ajusta al resultado. Un déficit grave puede necesitar más que una dosis preventiva.
  3. El control: al tratar un déficit conviene repetir el análisis, porque algunas personas absorben mal la vitamina D y no alcanzan un nivel normal pese a suplementarse.

Seguridad

La vitamina D es liposoluble y se acumula en el organismo, de modo que dosis muy altas mantenidas mucho tiempo sin control pueden elevar el calcio en sangre. Los ensayos que la usaron como tratamiento añadido no registraron efectos adversos graves. Aun así, no conviene tomar dosis altas por cuenta propia, sin un resultado y sin consejo médico.

La vitamina D no es un tratamiento de los trastornos mentales y no sustituye a la medicación ni a la psicoterapia. Es, en cambio, barata, fácil de comprobar y con frecuencia baja, y corregirla puede apoyar el resto del tratamiento. Comenta el resultado y la dosis en tu visita.

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